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7 min de lecturaPor Iria Marañón

Cómo crece una marca de moda sin inversión externa: el caso Capitán Denim

Cómo crece una marca de moda sin inversión externa: el caso Capitán Denim
Índice de contenidos
  1. 01 Diez años sin invertir un duro
  2. 02 Una marca que se cuela en los huecos
  3. 03 Mirar muy bien dónde se dispara cada bala
  4. 04 Abrir tienda cuando vienes del online
  5. 05 El relevo que no se puede comprar
  6. 06 Crecer despacio también pide un sistema

“Nosotros, por el devenir de los acontecimientos, no deberíamos de existir. Es duro decirlo, pero es así.”

Lo dijo Juan González Arroyo, cofundador de Capitán Denim, en el último Gextia Insights. Habla de Argo Jeans, la fábrica de pantalones que sus padres levantaron en los años 70 en Madrigueras (Albacete), y que hoy dirige junto a sus hermanos. De esa fábrica salió en 2013 una marca propia que ha crecido sin un euro de fuera, reinvirtiendo lo que genera y dando cada paso cuando el anterior ya estaba afianzado.

Diez años sin invertir un duro

Durante décadas, Argo Jeans fabricó para terceros. Hacia 2005, casi todos sus clientes se llevaron la producción fuera de España. Llegaron a quedarse con solo dos, y hubo años en los que la fábrica estaba cerrada la mitad del año. En un pueblo de menos de 5.000 habitantes, donde unas 70 familias dependen de la fábrica, eso se vive de otra manera: los trabajadores son primos, amigos y vecinos con los que te cruzas al comprar el pan el domingo.

Entre 2005 y 2015 no pudieron invertir nada en la empresa. Fueron diez años de pura subsistencia.

Si siguen, dice Juan, es porque tomaron decisiones que a la larga les permitieron reflotar. Dejaron de esperar a que los clientes les mandaran el tejido y pasaron a ofrecerles todo el proceso, desde el diseño y los muestrarios hasta la prenda terminada. Invirtieron en sostenibilidad (ahorro de agua, generación de energía) en cuanto pudieron. Y se prometieron que no volverían a depender de tan pocos clientes. Hoy fabrican para unas 20 marcas de segmento medio y alto, muchas de ellas porque, con el mundo tan revuelto, no quieren tener toda la producción en un solo país.

Una marca que se cuela en los huecos

Capitán Denim nació en 2013, todavía en los años malos, y todo lo que ha hecho desde entonces ha salido de sus propios recursos. Juan lo cuenta con bastante humor: sabían hacer muy buenos pantalones, pero venderlos era otro tema. “Hemos ido por el carril lento, seguimos yendo por el carril lento, pero afianzando.”

Trece años después, la marca supone cerca del 20% de la actividad de la fábrica, y dentro de ella no tiene prioridad. Los clientes de siempre van primero y Capitán Denim se va colando en los huecos de producción. A cambio, la marca le ha dado a la fábrica algo que no esperaban: les obligó a quitarse la mentalidad de fabricante y a escuchar al cliente final, y según Juan eso les ha hecho mucho mejores fabricantes. También ha cumplido algo pendiente en la familia, porque el sueño de sus padres siempre fue tener una marca propia y nunca pudieron desarrollarla.

Al online tardaron en tomárselo en serio. Cuando montaron la primera tienda online, Juan le preguntaba a su hermano si de verdad iban a vender un pantalón por internet. El punto de inflexión llegó con el repunte que tuvieron después de la pandemia, cuando vieron que merecía la pena y decidieron apostar de verdad por el canal. Hoy dependen mucho de él, y con algún dato que sorprende: el 60% de quien les compra por la web son mujeres, algo que no esperaba ni Carlos Liébana, que condujo la conversación y daba por hecho que su público era sobre todo masculino.

Mirar muy bien dónde se dispara cada bala

A Juan le llegan ofertas de software prácticamente a diario. Como equipo pequeño, se definen como un poco de guerrilla: tienen que mirar muy bien dónde disparan cada bala, así que no dan un paso hasta tener claro que algo funciona. Es un criterio que aprendió viendo a sus padres sacar adelante la fábrica. Cada inversión tiene que tener un impacto real, porque una herramienta muy sofisticada que luego no se aprovecha es, para él, “como tener un Ferrari y no saber conducir”.

Ese criterio también tiene sus costes, y Juan no los esconde. Cuando le preguntamos por la tecnología de estos años, habló de dos decisiones. La primera, un error: por miedo, retrasaron un cambio de plataforma de ecommerce que hoy reconoce que tendrían que haber hecho antes. La segunda, un acierto: automatizar el almacén, que a la larga pone entre las mejores cosas que han hecho.

Abrir tienda cuando vienes del online

Hasta 2025, Capitán Denim tenía una tienda en la propia fábrica y otra en Albacete. En octubre de ese año abrieron en Chueca, en Madrid. El motivo fue ganar estabilidad: dependen mucho del online y quieren una marca saludable, que no se sostenga en un solo canal. Eligieron Madrid porque era donde más vendían por la web, así que ya tenían allí una comunidad que creían que iba a responder.

Aun así, Juan reconoce que fue un reto tremendo y que al principio se preguntaban si tenía sentido lo que estaban haciendo. La respuesta llegó en la propia tienda, con clientes que no conocían la marca, como uno de Nueva York que no se creía que los vaqueros se siguieran haciendo en España.

En el primer año, la tienda les ha enseñado cosas que el online no contaba. Juan tenía su público definido de 30 años para arriba y están entrando muchos veinteañeros, además de muchos turistas (calcula que la mitad de quien entra). Desde que abrieron han crecido los pedidos desde fuera de España, con envíos a Corea o Estados Unidos. Y los dos canales se alimentan entre sí: hay clientes de la web que han ido a la tienda y clientes de la tienda que han perdido el miedo a comprar online.

Al final de la charla, una de las asistentes, que estaba a punto de abrir una tienda en una zona de mucho paso, le pidió consejo. Juan le habló primero de lo que más le había costado a él, armar un equipo, y después resumió su año en una frase: “La tienda es un sitio vivo. No puedes dejarla ahí”. Hay que mirar con cabeza analítica qué funciona y qué no, e ir cambiando cosas constantemente.

El relevo que no se puede comprar

Crecer despacio también significa que la fábrica envejece con la marca. El año pasado se jubilaron tres personas, buena parte de la plantilla tiene entre 55 y 60 años y en España apenas hay relevo para el oficio. Han invertido mucho en tecnología y en robots, pero en la cadena de confección siguen trabajando cerca de 40 personas, porque la tecnología todavía no ha llegado a sustituir a quien cose un pantalón.

De ese relevo depende en gran parte la viabilidad de la empresa, que sigue teniendo en la fabricación la mayor parte de su negocio. Es uno de los valores que más defiende Juan (para él, coser es un arte, y en su fábrica hay gente que lleva 40 años cosiendo), y por eso ya están valorando montar algún tipo de escuela para formar a gente nueva.

Crecer despacio también pide un sistema

Cuando no hay dinero de fuera, cada decisión sale de la caja de la propia marca. Una temporada con stock parado en el canal equivocado o una compra hecha a ciegas pesan mucho más. Y en cuanto hay web, tiendas en ciudades distintas y un público que se mueve de un canal a otro, saber dónde disparar cada bala depende de ver el mismo stock y las ventas de cada canal en un único sitio, con un ERP que conecte tienda, web y almacén.

En Gextia trabajamos con marcas que están en ese punto, con canales que se han multiplicado, catálogos que han crecido y equipos que necesitan decidir con datos lo que antes decidían a ojo. Si tu marca crece con sus propios recursos, cada decisión cuenta, y podemos ayudarte a tomarlas con la información delante.

Otras marcas que pasaron por lo mismo, con sus cifras, en casos de éxito.

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